Edimburgo día 2 (18/01/2020)

por Jessica Paños
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Solo nos quedaba este día para exprimirlo al máximo. Así que nos levantamos bien temprano y después de un buen desayuno buffet, nos dirigimos de nuevo a Princes Street Gardens, esta vez para verlo con más luz.

Desde estos jardines se puede divisar el Castillo de Edimburgo de fondo mientras uno pasea. Un lugar muy acogedor y tranquilo, pues apenas había gente (quizás también porque solo eran las 08:30h.).

Después de sacar unas cuantas fotos, atravesamos Princes Street, topándonos con el monumento a Scott hasta llegar al Palacio de Holyrood y su Abadía (Holyrood Abbey), la residencia oficial de la Reina de Inglaterra en Escocia.

Si no hay ningún acto oficial, perfectamente se puede visitar. Existen dos tipos de entradas:

  1. Visitar el Palacio y la Abadía de Holyrood por 16,5£.
  2. La entrada combinada para el Palacio, la Abadía y la galería de arte por 21,6£.

Ambas entradas incluyen la audioguía gratuita en español, inglés, italiano….

A nosotros lo que más ilusión nos hacía era visitar la Abadía del siglo XII. Aunque su estado actual son unas ruinas, el lugar es acogedor, enigmático y romántico.

Aprovechamos que éramos los primeros visitantes para sacarnos unas cuantas fotos.

Los aposentos de la reina no se pueden fotografiar, esto es, las diferentes estancias del palacio.

Después de dar una vuelta por los jardines reales, en el camino hasta el Castillo de Edimburgo, volvimos a degustar el bocata de cerdo asado en Oink.

En Instagram ví una imagen de una enredadera en forma de corazón no muy turística que me gustó y aprovechamos para verlo.

De ahí nos fuimos a la Catedral de St Gile´s y al Corazón del Midlothian. Junto a la Catedral hay un corazón en el pavimento, simbolizando la prisión de la ciudad. Hoy en día es costumbre escupir dentro del corazón pues la leyenda dice que da buena suerte.

Aprovechamos que todavía no era la 13:00h. para visitar The Elephant House (una cafetería donde se escribieron las primeras líneas de Harry Potter), Greyfriars Bobby y el cementerio.

Cuando John Gray murió, su perro Bobby, un skye terrie, permaneció junto a su tumba 14 años. Un año después de la muerte de Bobby, y como homenaje a su fidelidad, se construyó la escultura. Dicen que tocarle la nariz da suerte. Por eso, de tanto uso, la estatua se ha ido desgastando.

Todos los días a la 13:00h., salvo los domingos, desde el Castillo de Edimburgo se mantiene la tradición de disparar un cañonazo, que en su día sirvió para que los marineros sincronizaran sus relojes. Por lo tanto, nos apresuramos para entrar al castillo, recoger la audioguía que habíamos adquirido por Internet, y coger sitio para el cañonazo.

Estuvimos visitando el Castillo durante 2 horas, aunque perfectamente podríamos haber alargado la visita por más tiempo pero se nos hacía tarde si queríamos ver el resto de cosas. Ahora bien, para llegar a Calton Hill teníamos que atravesar de nuevo toda la Royal Mile, y por consiguiente, perder 30 minutos andando.

A la mañana cuando estuvimos en Holyrood habíamos visto unas bicicletas de alquiler automáticas de la compañía Just Eat Cycles.

Su uso nos pareció muy sencillo. Te descargas la aplicación Just Eat Cycles, añades los datos personales, seleccionas el tipo de uso (en nuestro caso elegimos 24 horas de uso ilimitado), pagas y automáticamente por tu ubicación el dispositivo te indica las bicicletas que están disponibles (cada bicicleta tiene un nombre de persona diferente).

Ya con la bicicleta fuimos hasta Calton Hill. Una gozada porque justo estaba atardeciendo.

Volvimos a coger nuestras bicicletas para ir hasta unas escaleras donde divisar el Castillo y de ahí, al museo Nacional de Edimburgo.

La entrada al museo es gratuita. En él podemos admirar las secciones de Naturaleza, Culturas del mundo, Arte y diseño, Ciencia y tecnología y Escocia. Una de las piezas más populares del museo es el cuerpo de la oveja Dolly, el primer mamífero clonado.

Eran las 17:00h. y el museo cerró sus puertas. Aprovechamos la tarde para comprar algunos souvenirs y obviamente, llenar nuestro estómago porque no habíamos hecho parada para comer. Optamos por cenar en The Standing Order, un antiguo banco reconvertido en pub y restaurante.

Nuestro día no podía acabar sin probar las barritas Mars fritas.

Y hasta aquí nuestro primer viaje de este nuevo año. Espero que os haya gustado.

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